La misoginia oportunista

Columna publicada el 27 de noviembre de 2015 en Sin Embargo.

El 25N también es un día para alborotar la misoginia. Encontré en mi feed de redes sociales artículos que hablan de “la invisible violencia de género contra los hombres”, otros tantos status afirmando que #ALosHombresTambién (que es el nuevo #NoTodosLosHombres), columnas que la campaña de la ONU para pintarse los labios de naranja era inútil, o criticando a “las feministas” por todo lo que no vemos o hacemos y la infinidad de cosas que nos faltan. El 25N también es el día de la misoginia soterrada, que con un oportunismo nada original aprovecha el tema para señalar a las feministas y recordarnos que pensemos en los hombres.

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CalumnioSOS

Columna publicada el 25 de noviembre de 2015 en El Espectador.

Hace más de un año, María Salomé Sánchez Monsalve, filósofa de la Universidad Javeriana, recibió un correo de su facultad preguntando por un mensaje anónimo en el que se le acusaba de “plagio”.

Según el anónimo, en una “revisión de rutina de las tesis de pregrado” (¿quién hace eso?) habían “descubierto” que la tesis de Sánchez sobre el filósofo latinoamericano Leopoldo Zea era un “plagio”, y ahora, por puro “deber ciudadano”, la denunciaban ante la universidad. Con recalcitrante resentimiento el anónimo contaba que Sánchez se había ido a estudiar una maestría a Europa (daban el nombre exacto del máster, y hasta sabían quién era su tutor de tesis) y anunciaron que también intentarían arruinar su reputación ante la Pompeu Fabra. La Javeriana investigó y declaró de manera oficial que Sánchez no había plagiado, y concluyó que el acoso tenía que ver con una vendetta personal.

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Sonidos de casa

Columna publicada el 21 de noviembre de 2015 en El Heraldo

En la Grecia antigua, un aedo era ese rapsoda (recitador o pregonero ambulante que cantaba poemas llevando noticias de un lugar a otro) que componía las obras que declamaba. De estos ires y venires nacieron la Ilíada y la Odisea. En Colombia, los rapsodas eran los juglares vallenatos que iban de pueblo en pueblo verseando las buenas y malas nuevas. En esas letras del vallenato sabanero se empezó a construir el lenguaje y la cosmogonía con la que contamos a Colombia. Calixto Ochoa, uno de nuestros más grandes aedos, acaba de morir, y creo que muchos sentimos que se murió nuestro propio abuelo. Es que la música de Ochoa resume justamente eso que los colombianos entendemos por familia.

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